Desde siempre, los docentes se han
dedicado a mandar una serie de tareas para realizarlas en casa, para refuerzar
o, simplemente, como repaso de lo que han aprendido ese día, aparte de estar
las horas lectivas realizando ejercicios muy similares.
Sería muy conveniente plantearnos esto,
puesto que en la actualidad están
surgiendo diversos debates debido a las continuas quejas de padres y madres, ya
que al mandar tantos deberes, se requiere la implicación y un control continuo por
parte de los padres.
Desde mi punto de vista, los deberes
deberían mandarse en casos excepcionales, con esto me refiero, por ejemplo, al
final de cada actividad o tema de contenidos, en vez de mandar al final de cada
clase u hora lectiva.
También considero de mayor importancia
que el docente deje un tiempo al final de cada clase para que los alumnos
realicen las actividades que iban a ser mandadas para casa, de este modo
conseguimos que si alguien tiene alguna duda, puede recurrir al profesor o,
incluso, preguntarla en voz alta en clase y ser resuelta por sus compañeros.
Otro aspecto que deben tener en cuenta,
o mejor dicho, debemos tener en cuenta como futuras docentes, es que no solo
somos nosotros los únicos que les mandamos tarea, sino que también cuentan con
otros profesores que seguro que dentro de su metodología de aula están
incluidos los deberes para casa.
En definitiva, se deben mandar deberes
pero sin abusar, ya que la mayoría de los alumnos por la tarde realizan
actividades extraescolares y es aconsejable que cuenten con un periodo
determinado también para su tiempo libre. Es preferible que las tareas que se
manden sean lo más amenas posibles, para que a la hora de realizarlas no les
resulte tan rutinario, es más, sería beneficioso irles iniciando en las nuevas
tecnologías, así como que en casa investiguen por su cuenta contenidos que
ellos mismos crean que son significativos para sus propios aprendizajes.
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